Se despertó en medio de la noche. El costado de la cama estaba vacío. Escucho la voz de el en la habitación de al lado. ¿Con quien habla? Se levantó silenciosamente y buscó la hora en el reloj despertador. Era tarde, tardísimo. Intrigada, a medio vestir y descalza, atravesó el pasillo y se asomó desde el marco de la puerta al living. ¿Qué era todo eso? Estaba inmovilizada, como clavada al suelo y sentía fríos los pies contra el mármol del piso. Casi involuntariamente siguió observando. El se paseaba por el cuarto hablando y gesticulando, completamente solo, con sus sandalias negras de taco chino puestas. No parecía él, sin embargo algo en sus gestos, en su modo de moverse, le resultaba extremadamente familiar. La comprensión abrupta que tuvo de la escena siniestra de la que era testigo devino escalofrió ¿Pero qué hace? ¡Me esta imitando! Deseaba moverse, volver sobre sus pasos, desaparecer, pero las piernas se negaban a responderle. Entonces, con una voz que no pudo reconocer como suya, con un tono que redundaba inocencia, habló: ¿Qué estas haciendo?